LOS EXÁMENES
Descansar
bien la noche anterior. No
vale de nada darse una paliza de estudiar durante toda la noche, o
levantarse más temprano de lo habitual, o fugarse de clases
anteriores para estudiar a última hora: esto solo sirve para tener
menos capacidades a la hora de la verdad, cuando tenemos que hacer
el examen, y ponerse más nervioso precisamente cuando más
necesitamos estar serenos, relajados y tranquilos. Un maratoniano no
corre una maratón el día antes de competición, porque si no
estaría sin fuerzas al día siguiente; se dedica a descansar, come
bien y se distrae, porque el entrenamiento ya lo ha ido haciendo
durante las semanas anteriores. Pues bien, os aseguro que las
piernas y el cerebro funcionan igual: no debemos agotarlo o
estresarlo justo antes de nuestra prueba.
Comienza
por lo que mejor sabes, para
que vayas ganando confianza y soltura a la hora de escribir.
No
escribas cosas que no sabes con seguridad.
Si no recuerdas algún concepto específico, y es importante, trata
de explicarlo de forma sencilla con tus propias palabras. Si no es
importante, trata de evitarlo.
No
te hagas el listillo y no
añadas cosas por tu cuenta si no estás seguro de que lo que dices
es correcto o es conveniente incluirlo en ese momento. No te
compliques la vida inútilmente.
No
repitas una y otra vez lo mismo,
pero explica bien todas las afirmaciones que hagas y todos los
conceptos que añadas.
Exprésate
con corrección y sencillez,
no te enrolles ni trates de usar un lenguaje complicado que no
domines. Te recomiendo frases sencillas, pocas subordinadas, y
dominio del vocabulario histórico. Organiza tu discurso histórico
en párrafos: uno para las causas, tres o cuatro para el desarrollo
(uno para el comienzo, uno o dos para los hechos sucesivos y otro
para el final), y otro para las consecuencias; se puede añadir otro
para hacer una valoración final, que normalmente servirá para
poner en relación el hecho histórico con el presente o con otros
procesos históricos, aunque este último aspecto no es obligatorio
y dependerá del tiempo, la idoneidad, etc. Ves leyendo lo que
escribes para ver si tiene sentido o si tienes que corregir algo; si
no se entiende claramente, es mejor que lo reescribas.
Cuida
la presentación, la expresión y la ortografía.
En un examen puede haber tachones y correcciones, pero trata de que
no sean muchos. Puedes hacer las preguntas desordenadas, pero no las
partas, remitiendo al profesor a otra parte del examen con flechas o
asteriscos. NO HAGAS ESQUEMAS, DIBUJOS, ETC. Escribe tu nombre
correctamente. Mantén los márgenes correctos a los lados, arriba y
abajo. Presta atención a la ortografía: mayúsculas, uves, haches,
tildes, etc. Subraya las ideas principales de tus preguntas para
dirigir la atención del que debe corregir y facilitar su tarea.
Para mejorar tanto la expresión como la ortografía solo hay una
manera: leer y escribir. Leed mucho, lo que os guste (revistas,
cómics, novelas, etc.), pero no dejéis de leer jamás.